¿Os habéis dado cuenta lo diferentes que somos de la gente de pueblo, de campo; esa gente que se cruza por sus calles estrechas y sueltan ese grito de ‘iiiiiiiiiiieeeeeejaaaaaaaaa’ o ‘eseee mozooooo’ o ‘aiii Trokuelloooo (mote de la persona) que tarde te ha salido el soool, no van a quedar uvaas’ (refiriéndose a que no ha madrugado lo suficiente y eso que son las 6.15 de la mañana)
Los de ciudad somos fríos como el hielo, impasibles, nos relacionamos única y exclusivamente con nuestro circulo CERRADO de conocidos, familiares y pocos amigos. Incluso a los conocidos les tratamos como desconocidos la mayoría de veces, les vemos aún con esa incertidumbre, esa duda de cómo serán realmente, y ahí nos quedamos y no nos movemos, con la duda.
Pon un poblerino venido directamente desde el corazón de extremadura en una estación de metro de Barcelona, ahí, esperando el vagón en el andén. Verás que cuando se acerque el metro huye despavorido. Así es como todo ser humano debería reaccionar; es una reacción normal frente a un peligro. Los de ciudad no, ahí con dos huevos, al filo de lo imposible, que nos dé el viento del metro cuando pase por nuestra cara, a dos centímetros de la palanca que abre la puerta.
Pon una carta en el suelo de Barcelona, pongamos Las Ramblas, muy cerca a la vez de un buzón tragacartas amarillo tipical spanish, pasarán 4 horas o más hasta que alguien se digne a devolverla a su sitio si no la queman antes. Ahora pongámosla en La Extremadura profunda de la que hablábamos antes, la segunda persona que pase por al lado de la carta, se agachará y la tirará al buzón. Ahora poner de ejemplo vosotros mismos una persona en el lugar de la carta…en Barcelona será un vagabundo que está empezando a ser vagabundo, de ahí su aspecto limpio y aseado, el cual habrá que ignorar y en Extremadura una pobre persona que se ha hecho daño y está inconsciente, pero pronto será rescatada.
Pon un poblerino en un centro comercial de Barcelona, pongamos Gran Via 2, se intentará relacionar con alguien, con cualquiera de su alrededor, pero el pobre se encontrará con reacciones especiales…el que se va corriendo, el que le ignora, la que se pone a leer un sms de móvil, el que le sigue el rollo porque es poblerino como él, la que le da 50 céntimos…¡Por Dios!…¡No es más que una persona que intenta relacionarse con los demás!
No tardaré en irme de la ciudad. No estoy hecho para ella.
Escrito por rubenayu