CRÍTICA VICKY CRISTINA BARCELONA

Febrero 12, 2009

Más Woody Allen, esta vez apostando por el amor a tres bandas.
Desde el primer momento nos encontramos con un film que hace que te relajes porque sabes que vas a pasar un gran rato, repleto de líos varios e historias como solamente se atreve a contar nuestro director. Te vuelves un privilegiado espectador pasivo.
Woody Allen nos presenta una comedia romántica fresca dejando así en pañales todas las demás que nos vienen de Hollywood semana sí semana también. Aún así he de matizar, no es exactamente una comedia romántica, es una comedia romántica promocional.
Digo esto por la gran publicidad que se hace de Barcelona, remarcando clichés desde el principio como el barrio gótico, las Ramblas, el parque de atracciones El Tibidabo, La Sagrada Família, Pedralbes, La Pedrera, El Parc Güell…creo que lo único que se les escapó de Barcelona fue la Torre Agbar. Con esto quiero decir que Allen, sabiendo el tinte turístico que iba a tener el film, antes de suavizarlo, ha querido explotarlo financiándose así gran parte de la película.
El elenco de actores no puede ser mejor: Javier, Rebecca, Scarlett y Penélope, especialmente ésta última, cumplen gratamente el objetivo. Sufren una gran caracterización, que gracias a la dirección, te hacen sumergirte de lleno en la historia olvidándote por completo de la realidad. Javier Bardem (Juan Antonio) cumple con sobresaliente su personaje neobohemio que nada tiene que ver aunque a veces se le parezca a bohemios reales como nuestros pintores de la postguerra. Mujeriego, artista e independiente aunque esclavo de la inestable Penélope, Bardem se gana al público con su serenidad, seguridad y su peculiar estilo de ‘vivir la vida’.
Con Rebecca Hall (Vicky) y Scarlett Johansson (Cristina) empezamos el film, es la pareja que protagoniza la película y su título. Son americanas y vienen a pasar un verano normal en Barcelona. No tardan en coincidir con Bardem y empezar así todo el entresijo amoroso que nos llevará a situaciones tan peculiares como diálogos dignos de enmarcar y pasar el trapo a diario.
Con 20 minuto de film, creemos conocer por completo a ellas dos; pero sorprende (aunque todos somos conscientes de lo inevitable que era) la transformación que sufre una de ellas al aceptar un tipo de vida que nunca hubiera imaginado protagonizar. No es una transformación de 180º, sino, de 360º, ya que pasa por el cambio pero no se queda en él.
Lo realmente bueno viene en el último tercio del film con Penélope Cruz (Maria Elena). Desprende tal nauralidad junto a Bardem, que se vuelve todo un personaje para recordar en cuestión de minutos. Podemos apreciarlo acentuadamente en las discusiones con su ex-marido, con un Javier y una Penélope enormes.

Como ya hemos visto en anteriores películas, Woody Allen utiliza una voz en off que nos narra lo sucedido que no nos han mostrado en imágenes. Esta técnica le da un ritmo acelerado al film pero te ayuda a comprender según qué situaciones, es un recurso que aquí está bien utilizado.
La banda sonora es acertada si lo que se buscaba (más aún si cabe) era reiterar el ambiente español, véase por ejemplo 6 veces tocada la gran obra de Paco de Lucía.
Referente a los diálogos, sorprende la forma de enfocarlos, apenas hay cortes en las conversaciones utilizando así leves panorámicas laterales acompañando la acción del momento.
No faltan los momentos comerciales, como besos apasionados entre Penélope y Scarlett o incluso orgías de besos apasionados entre ellas dos y Bardem a la vez.

Nos encontramos con una comedia apta para todos tipo de público mayor de 13 años. No es imprescindible pero sí recomendable aunque no te guste el género.
Lo único decepcionante a comentar es el abuso de clichés estereotipados de España y la falsa visión de Barcelona, dándonos a conocer como una ciudad liberal, soñadora, bohemia y verde para cuando en realidad somos la misma mierda capitalista gris que Nueva York.


CRÍTICA REFLEJOS (MIRRORS, 2008)

Octubre 6, 2008

Estamos ante unos de los fracasos más claros jamás vistos de la industria del scare norteamericana.
Comercial como la que más, con un argumento muy poco coherente y aburrido, actuaciones y doblaje que dejan mucho que desear y realizada como si estuviera en una cueva de la que nunca debía haber salido. Juega con repetidos y agonizantes tópicos para salvarse de su autodestrucción, como son la oscuridad, el susto fácil (4 contados al largo del film), los espejos de los lavabos y un edificio inmenso dejado de la mano de Dios, dónde de repente nuestro protagonista (Kiefer Sutherland) cobra poderes de valiente superhéroe y decide investigarlo. No puede faltar su mujer escéptica , que sufre y no comprende todo lo que hace su marido en ese edificio, como tampoco puede faltar su cambio de actitud más tarde.

Es insufrible la manera que tiene Alexandre Aja de mezclar lo sobrenatural con la acción barata y a su vez con planos semigores; dejándonos así sin poder clasificar la película en ningún género y, por qué no, con una grandísima decepción y sensación de robo en nuestros paladares cuando hemos terminado de aguantar 2 horas reales de semejante llamada a adolescentes sin criterio y personas que vuelven una y otra vez a darles, cansados, una oportunidad a esta industria sin reciprocidad alguna.

Con lo fácil que era llegarnos a intimidar al público con esa buena idea de los espejos y los reflejos, ya que nos los encontramos en cualquier sitio allá donde miremos, volviendo así a recordar al film aunque sea inconscientemente…con lo fácil que hubiera sido (recordemos qué bien funcionó las 3am del Exorcismo de Emily Rose) y lo mal que se ha llegado a materializar. Deberíamos haber salido de la sala acongojados perdidos mirando hacia todos los reflejos y ésto no sucedió en nadie ni por asomo.

Dejando de lado el tristísimo y deplorable argumento donde una chica esquizofrénica es encerrada en una sala con espejos y éstos absorben su demonio o maldad coleccionando así almas continuamente a lo largo de los años (…), el film pierde enteros negativos cuando su banda sonora no para de hacerse sonar de fondo durante las dos horas en cualquier momento de cualquier secuencia deshaciendo así su posible efectividad. Ésto, sumado a los recuerdos que nos traen muchas escenas a otras películas españolas de reciente prestigio, como cuando Kiefer se encuentra en casa de su esposa e hijos dispuesto a ponerla patas arriba quitando y pintando espejos (Belén Rueda en El Orfanato cuando usa su último cartucho quedándose sola en la residencia y convirtiéndola en la de su niñez) o la pareja de chinos sorprendidos que en toda película de intento de terror actual ha de aparecer (ya la vimos en REC, siendo éstos unos vecinos del edificio afectado), hacen una mezcla explosiva que te dan ganas de hacerla reventar fuera del cine en ese mismo momento.

Dejar claro que estamos ante una de las tantas películas que se ven todos los años, pero esta se lleva el premio por su clara demagogia y poca o nula lógica a lo largo del film, dejando de lado todos los esfuerzos para intentarte hacer ver que no puedes dormirte en la butaca.

Será que la esquizofrenia es demoníaca, pero a mi no me cogen más en esto del nuevo subgénero de terror llamado ‘poca vergüenza y mucha divisa’.